domingo, 20 de octubre de 2024

El primero de ellos


Mi opinión sobre The Last Of Us Part II




Jamás pensé que me ocurriría algo así, pero al contrario que en la mayoría de videojuegos story-driven en los que me ha irritado un exceso de cinemáticas que han interrumpido la fluidez del juego, en esta ocasión lo he sentido al revés: el juego interrumpía la historia.

Y sé que podría parecer un disparate, pero ésa ha sido mi experiencia, e identifico dos motivos.


PARTE I: Un enorme ejemplo de narración interactiva


La historia de TLOU2 es la mejor que he vivido en un videojuego, empatada con muy pocos. Tal vez incluso sea demasiado buena, si con ella se estuviese eclipsando el juego en sí. Pero no nos adelantemos, porque de eso hablaré en la siguiente parte de esta “review” (si se le puede llamar así).

Cumple, por un lado, con lo que cualquiera esperaría de un gran argumento. En resumidas cuentas: unos personajes profundos inmersos en una trama que te atrapa, tanto por lo que va sucediendo como por cómo te lo cuenta.

Pero además innova en direcciones que no te esperas. Y no hablo de giros sorprendentes, que los hay, sino de cómo invita al jugador a replanteárselo todo. Y es que explora como nadie la repercusión de los eventos desde perspectivas que van más allá de la clásica fórmula de los “buenos y malos”. Porque cualquier acontecimiento y sus consecuencias se pueden experimentar de una manera totalmente distinta cuando sabes lo que hay al otro lado de tu percepción original. Y al entenderlo mejor, te implicas más también, mientras te enfrentas a dilemas imposibles que ni te habrías planteado antes de comenzar este viaje.

Y cuando te muestra de lo que es capaz, de lo que se atreve a hacer, cualquier idea preconcebida que tuvieras se borra. A partir de ese momento te pone en una posición de pura expectación, porque ya cualquier cosa es posible.

En definitiva, TLOU2 me ha recordado cómo el peso de una sola decisión puede dar origen a un complejo arco argumental. Y el peso de varias, a una saga entera. O al menos eso esperamos. Y con lo difícil que es sorprender de verdad hoy en día, que parece que esté todo contado, logra aportar frescura a la narrativa moderna con una historia que, más allá de entretener y mantenerte interesado, se queda contigo después de acabar. Y que sienta un precedente con el que compararemos historias futuras.


PARTE II: Un cuestionable ejemplo de interacción narrativa


Así quería titular esta parte. Pero, dándome cuenta de que mis impresiones son más culpa mía que de Naughty Dog, finalmente he optado por:



PARTE II: la pobre adaptación a los tiempos de un gamer retrógrada 


Me gusta mucho utilizar el término pureza para referirme a los videojuegos que más me gustan. Aquellos en los que siento que el protagonista soy yo. Al describir esto no puedo evitar pensar en mis tres ejemplos preferidos: Zelda, Metroid, y Dark Souls.

Y califico de híbridos a aquellos cuyo valor reside en su historia tanto como en su jugabilidad. Y en ese apartado para mí el rey sigue siendo MGS, porque aun con su evidente enfoque cinematográfico, el prota seguía siendo yo.

Por supuesto que disfruté enormemente de TLOU2, creo que a estas alturas eso es evidente. Pero en todo momento fui un espectador. Uno con cierto margen para participar, que no tanto contribuir. Y no lo señalo como un defecto porque soy consciente de que es algo muy personal. Cada uno necesita cosas distintas para meterse de lleno, y a mí las partes jugables a veces me sacaban.

Lo sé, seguramente esta valoración tenga que ver más conmigo por no saber (o querer) adaptarme, o simplemente soy muy fiel a mis gustos personales y eso también es respetable. Pero perdonadme el episodio de viejo cascarrabias, porque hay ciertas mecánicas modernas que para mí siguen siendo un chusco y que no me explico que en una joya como ésta, no sólo estén presentes, sino que abunden: seguir a un NPC como si fuese nuestra niñera, momentos de interactividad ilusoria (te dejamos que inclines el stick en este pasillo virtual para que creas que tienes el control), o lo semi-automático de algunas acciones.

Con todo, no se puede negar la intensidad y la sensación de estar al límite durante un desarrollo rico en variedad y calidad. Y seguramente eso sea debido, en parte, a lo scriptado que es. Así que aunque para mí no sea perfecto, escojo quedarme con lo bueno, que es muchísimo.


VEREDICTO


Podría caer en el error de hacer una media muy cutre entre los 5 cridis de su historia y los 3 de su jugabilidad. Pero esto no es el cole sino arte y entretenimiento. Y además sería injusto porque se trata de una obra maestra indiscutible, así lo reflejan las partes que verdaderamente he disfrutado.

5 cridis, de calle.

jueves, 6 de junio de 2019

El destino es sólo una parte del viaje


Toda gran historia lo es gracias a sus personajes, a lo que les ocurre, y a cómo te lo cuentan. Game Of Thrones nos ha deleitado con una deliciosa suma de esos tres ingredientes durante ocho maravillosas temporadas, aunque son muchos seguidores los que no atribuirían ese adjetivo a la última. Y algunos incluso a la penúltima tampoco.

Desde muy temprano, los giros inesperados han sido una parte fundamental de esta serie. Y aunque adoro los que te hacen saltar del sofá y gritarle a la tele, hubo algo de los últimos dos episodios que se sintió tal vez demasiado injusto, casi como una traición al espectador y a sus mismísimos personajes, además de precipitado en su camino narrativo y algo anticlimático en su ejecución. Al menos así lo percibí en mi primer visionado. Es cierto que ésta no es la primera vez que los guionistas son crueles con nosotros, aunque en el pasado a menudo se trató de una inversión a largo plazo. Un mal necesario para que triunfos posteriores fueran gloriosos. Pero, ¿qué ocurre cuando te rompen el corazón y ya no quedan episodios para sanarlo?

Decepcionar podría considerarse su giro definitivo, porque nadie se esperaba que la mitad de fans se sintieran defraudados. Pero yo he defendido esta octava temporada en todo momento y seguiré haciéndolo. Aunque algunas decisiones no dejen de parecerme extrañas, tras un tiempo de asimilación voy entendiendo mejor y, sobre todo, aceptando los hechos. Porque la mayoría de sucesos me han parecido tremendamente satisfactorios, y solamente uno no me gustó de primeras. Un suceso que todavía hoy me sigue pesando, pero admito que me está gustando más conforme los eventos van asentándose en mis recuerdos.

En general, podría concluir que su final me destrozó y me dejó con muchos sentimientos encontrados. Me encantó y lo odié casi a partes iguales, mientras me debatía entre los mismos dilemas morales a los que se enfrentaron los protagonistas. ¿No es por eso por lo que nos encanta esta serie? Siempre he dicho que cuando una historia te deja pensando, es una buenísima señal. Pero incluso bajo el supuesto de que decido que no me gusta su desenlace, ¿mancha la serie? El destino es sólo una parte del viaje, y éste ha sido uno apasionante e inolvidable. Game Of Thrones me parece la mejor historia jamás contada, en cualquier formato, y le agradezco que haya sido capaz de sorprenderme hasta el final.

"And now our watch has ended"



jueves, 21 de diciembre de 2017

Canela

No reconoció al hombre que le miraba desde el otro lado del espejo, con la misma expresión con la que se examina a un desconocido del que se desconfía. Tenía demasiado gris el poco pelo que le quedaba, y el tiempo había trazado tantas líneas en su piel que comenzaba a parecer que intentaba tacharlo como a un garabato del que se avergonzaba.

Arrastró los pies y el alma hasta la cocina, donde sirvió dos tazas de café. En una de ellas añadió un chorrito de leche y dos terroncitos de azúcar. Llevó ambas tazas a la mesa del salón, se sentó, y esperó. Esperó hasta que las tazas dejaron de humear. Y fue entonces cuando vio la urna en la estantería. La extraña sensación que le oprimía el pecho sabía a ausencia, y ahora entendía por qué.

Se levantó con esfuerzo y caminó sin rumbo. Parecía desorientado en su propia casa, así que miró a su alrededor en busca de respuestas. Estaba rodeado de libros, y también fotografías, unas enmarcadas en la pared y otras muchas simplemente sueltas por ahí, apiladas en montones desordenados. En algunas de ellas encontró una versión más joven del mismo hombre del espejo, y a su lado había una mujer también joven y muy guapa. Atrapado dentro de los límites de aquellas imágenes, el joven parecía feliz. Mientras sujetaba una de las fotografías acarició el rostro de la mujer con la yema de los dedos, perdiéndose en su apacible pero traviesa mirada. Pensó en esos recuerdos que parecían haber sucedido en otra vida, como si de una película antigua se tratase, protagonizada por el típico idiota que todavía no sabe que lo es. Aquél que comienza a valorar lo que tiene cuando ya lo ha perdido. Observando cada instantánea despertaba algo dentro de él. Un sentimiento. Una escena. Un pedacito de esa vida. Continuó reconstruyendo la película, impaciente por descubrir su papel en la historia, si sería el villano, el héroe, o un mero segundón. Hasta que llegó a una imagen que no comprendió. Estaba el mismo hombre joven, sentado frente a una vieja máquina de escribir, que tan sólo compartía el escritorio con una taza de café y lo que parecía una sencilla base de incienso. Contempló la imagen detenidamente, confundido. Luego la guardó en el bolsillo y regresó a la mesa y a su café, ya frío.

Levantó la taza, y se aproximó a la ventana mientras le daba un sorbo con gesto de desagrado, observando la calle y sus gentes a muchos metros del suelo. Solamente en una ciudad puede uno estar tan solo, pensó, como si la cantidad de personas por metro cuadrado fuera inversamente proporcional a la capacidad de cada una de ellas para ver al resto. Pobrecillos, aquella familia de tres que veía pasear alegremente por el parque de enfrente. Todavía no saben que sus estúpidas sonrisas se borrarían algún día. Que la curiosidad de la pequeña niña, que corría torpemente y recogía flores, dejaría de ser graciosa o simplemente iría desapareciendo. Que lo disfruten mientras dure, porque el día que sólo quede el recuerdo, eso no será consuelo suficiente. El día que sostengan en sus manos la fotografía de ese instante que no regresará.

Permaneció ahí de pie con la taza ya vacía durante un largo rato, simplemente observando a unos y a otros e intentando convencerse de que él era distinto, incluso burlándose de algún que otro pardillo que cargaba alegremente con un abeto, probablemente para humillarlo luego con pomposos adornos. Entonces un ruido le arrancó de su ensimismamiento. Era un extraño repiqueteo que no reconoció y que provenía de un cuarto contiguo. Fue hacia allí, y al cruzar la puerta encontró un escritorio de roble viejo, lleno de trastos y otra cosa que no identifico hasta acercarse más. Al fijarse vio que era un pequeño paquete de incienso abierto, en cuya etiqueta leyó “Esencia de Navidad, con canela y jengibre”. Intentó sentir indiferencia cuando le invadió una sensación fugaz que vino y se fue en lo que se tarda en pestañear. Sintió que viajó y volvió en un abrir y cerrar de ojos, como el eco de un recuerdo distante, y percibió un cálido aroma como a canela tostada y a hogar acogedor mientras la mujer de las fotos se inclinaba lentamente a darle un beso que se desvanecería antes de llegar a su mejilla.

Luego vio el feo cachivache lleno de polvo, con sus teclas redondas y desgastadas. Presionó algunas al azar y con intencionada torpeza, provocando así el mismo traqueteo que acababa de escuchar desde la ventana. Sacó la fotografía de su bolsillo y comparó las máquinas. Tenía que ser la misma, pero no recordaba haberla utilizado. Así que la página que asomaba, como si la máquina le sacara la lengua, tenía que ser de otra persona. La arrancó con brusquedad, pero antes de mirarla la sostuvo con desdén durante unos instantes para disimular su curiosidad. El folio mostraba claros indicios de antigüedad pero, sorprendentemente, la tinta estaba fresca. Apenas había unas pocas palabras, y habían sido escritas hace un momento.

Si pudiera pedir un deseo,
jksdjkbf

Tanto misterio para esa cursilada tan poco original, pensó, casi encontrando más interesante la línea de abajo con el tecleo que acababa de improvisar. Sin embargo, su amarga apatía comenzaba a cansarle incluso a él mismo, así que decidió seguirle el juego a la maldita máquina de escribir. O seguramente porque no soportaba ver la frase sin terminar. Se sentó y volvió a colocar la página con cuidado, entre el rodillo y el soporte del papel, con la naturalidad de alguien que lo hace todos los días. Giró la perilla hasta que la parte superior de la hoja se situó detrás del teclado, cogiendo la media frase como referencia. Y entonces escribió algo, lo primero que le vino a la mente para concluir una oración tan ilusa como aquella.

regresaría cuarenta años atrás para

No pudo ver el resto de lo que él mismo tecleaba. Tras una cortina de desenfoque, sus dedos parecían moverse solos. Sintió que subía y caía a la vez.

Y de pronto, silencio.

Seguía ahí, delante de la máquina de escribir y su única página, pero se sentía diferente. Al mirar las teclas, observa que las manos que reposan sobre ellas son otras. El tiempo no se ha ensañado con éstas todavía, y cuando intenta compararlas con las suyas no puede. Porque al levantarlas comprueba, incrédulo, que ésas son las suyas. Se toca el rostro y no entiende por qué las líneas, los tachones del tiempo, se han difuminado. Tampoco entiende por qué ahora de pronto huele a canela, ni por qué oye una melodía de piano a lo lejos, un arreglo minimalista pero en el que logra identificar Noche de Paz. Se debatía entre si había caído en un sueño, o despertado de él. Había viajado a alguna parte. O tal vez regresado. Entonces el sonido de unos pasos le sobresalta. No está solo.

Asoma por el marco de la puerta medio rostro, mostrando solamente una mirada coqueta y una corta melena castaña que caía en la misma dirección del marco. Los labios que no veía le dijeron:
–He preparado café, ¿quieres? –y la pregunta fue acompañada de un rápido arqueo de cejas. Entró sin esperar respuesta, y le ofreció una de las dos tazas que traía consigo. Era ella. La mujer de las fotos había venido a verle, y algo dentro de él despertaba. Recordaba. Cada imagen cobraba vida y reconstruía su película. Supo que no era el héroe ni el villano, sino alguien que aún tenía la oportunidad de escoger.

–No sé cómo te lo puedes tomar tan soso, pero supongo que como te gusta echarle tanta imaginación a todo… tal vez demasiada –le dice mientras le entrega el café. Luego añade –y bueno, ¿a dónde te ha llevado hoy? –ladeando la cabeza hacia la máquina de escribir. El hombre la mira extrañado. La pregunta planteaba una idea interesante, aunque desconcertante y seguramente imposible. “¿Qué?”
–¿De qué va lo que estás escribieeendo? –insiste ella con un tono ligeramente impaciente.
–Ah…
El hombre comenzaba a dejar de sentirse perdido, y lo que ocurrió antes de usar la máquina pertenece a un recuerdo borroso del que no está muy seguro. Se aclara la garganta y se inventa una respuesta con toda la naturalidad que es capaz de reunir:
–Es un relato sobre un hombre que envejece y no le gusta  –cuestionándose al instante si se trataba de una respuesta improvisada o no.
–Vaya… Eso no es muy navideño –protesta ella.
–¿Porque no incluye a un gordito barbudo vestido de rojo?
–¡No! Porque suena... ya sabes, aburrido.
–Bueno, pero no sabes cómo acaba –le provoca el hombre.
La mujer levanta una ceja, cruza las piernas y juguetea con el pie, como queriendo exagerar su interés. Justo antes de darle otro sorbo al café le envía su mirada pilla por encima de la taza y pregunta:
–Vale, ¿pues cómo acaba? A ver.
–Algo le impulsa a tomar una decisión –responde él, seguido de un breve momento de silencio, que ella acaba rompiendo.
–¡Cómo te gusta hacerte el misterioso para obligarme a preguntar más! ¿Qué le hace tomar esa decisión? Dime.
Tampoco es que él lo tuviera claro. Pero le pareció que la respuesta más sencilla, la que se podía aplicar él mismo, encajaba:
–Su mujer le trae una taza de café.
–Qué tonto eres –le suelta ella, mientras se inclina para darle un beso en la mejilla y, con disimulo, roba la página. Se da la vuelta para escapar, y al mirar el papel exclama –¡Eh, un momento! Si sólo hay un par de líneas.
El primer impulso del hombre fue el de intentar recuperar su página. Pero el susurro con el que ella leía le hipnotizó, casi sedujo. Le miró los labios mientras vocalizaba y no pudo evitar acercarse, como un insecto a una luz brillante. Pero ella le apartó con la mano y volvió a leer la página, esta vez en voz alta y con una exagerada aunque irresistible teatralidad:
Si pudiera pedir un deseo, regresaría cuarenta años atrás para sonreír como un estú –se le escapa la risa, luego se aclara la garganta y prosigue  –perdón, para sonreír como un estúpido todos los días–. Entonces ladea la cabeza y mira hacia arriba, pensativa. Finalmente dice –No logro decidir si es bonito o absurdo, pero sé que me gusta.
–Con eso me basta –responde él, más pendiente de la mujer que de la lectura. Entonces ella mira el reloj, deja la página en el escritorio, y canturrea mientras sale por la puerta a toda prisa:
–¡Ahora espabilemos o llegaremos tarde!

Esta vez sí reconoció al hombre del lado opuesto del espejo. Y se le ocurrió que no se trataba tanto del aspecto ni del paso del tiempo, sino de lo que podía leerse tras la mirada. Ese arrepentimiento que te cambia, al atormentar a uno por cosas que se han hecho o dicho, pero sobre todo, por las que no. Entonces sonrió sin motivo. O con todos los motivos.





- E. Daniel Martínez


viernes, 29 de abril de 2016

¿Somos más smart que nuestros phones?

“En unos años nuestra época saldrá en los libros de historia dentro de un tema llamado La Revolución Digital. Se hablará de la impactante manera en que la tecnología transformó nuestra manera de trabajar, relacionarnos, y disfrutar. De cómo llegamos a creer que por hacer más cosas y más rápido las estábamos haciendo mejor. Y, sobre todo, se hablará del daño que nos ha hecho.”

- Aquí es donde digo que el autor de la cita es alguien importante,
y te decepcionas porque resulta que lo he dicho yo.



Siete maneras de demostrar que eres más inteligente que tu teléfono


Un Smartphone es una cámara de fotos que te permite enviar imágenes y texto a otros Smartphones. También tiene juegos y conexión a Internet. A veces se utiliza como walkie-talkie para hablar con otros. El nombre del dispositivo podría hacernos pensar que es inteligente, pero no te preocupes, todavía podemos evitar que dominen el mundo. He aquí 7 ideas para ello.

1) Resiste el impulso de hacerle fotos a todo
Guardar los recuerdos en formato imagen es maravilloso, y a veces el momento lo requiere. Otras veces basta con tu propia memoria. No dejes que la capacidad de fotografiar de manera ilimitada te convierta en un instagramer compulsivo.

2) Piensa la respuesta antes de buscarla
Google y Wikipedia son herramientas muy útiles, pero usarlas antes de pensar por ti mismo hace que poco a poco aumente la cantidad de Smartphones que parecen más smart que sus usuarios. Tampoco debes permitir que sea siempre tu móvil el que le enseñe a tu amigo con un vídeo lo que podrías haberle explicado tú con tus palabras y tus gestos. Resiste ese tic de alcanzar el móvil a la mínima, y considera expresarte como lo hacen los humanos.

3) Haz menos selfies
Nos encanta dejar constancia de dónde estamos, con quién, y qué estamos haciendo. O simplemente ese día estamos espléndidos y queremos que el mundo lo sepa. Fantástico. Simplemente no abuses, a no ser que quieras parecer un ególatra. Y a ser posible, minimiza los morritos.

4) Da ejemplo a los pequeños
Las pantallas tienen un efecto singularidad gravitacional que absorbe a los niños que hay alrededor. El entretenimiento digital tiene ese poder, y por eso se debe consumir de manera responsable. ¿Videojuegos? Por supuesto, pero no todo el santo día, y jugarlos no debe privarles de practicar otras actividades ni de mirar a los ojos a los demás cuando les hablen. Bien dosificado es tan saludable como la lectura, la música, o el cine. Pero si dejas que se conviertan en yonkis digitales, estás reemplazando parte de su infancia con diversión enlatada y mutilando su creatividad.

5) Envía mensajes con cuidado y naturalidad
Que sí, que comunicarse de manera asíncrona es muy conveniente, pero como complemento (no sustituto) de la conversación clásica. Además, es un mal uso de esta prestación cuando escribes cosas que en realidad no dirías cara a cara, o das lugar a malentendidos al carecer del tono que sólo tu voz puede darle a las palabras, o no encuentras el emoticono adecuado (o usas demasiados). <<Inserte aquí una caquita sonriente>>
Por otro lado, elige bien las palabras y envíalas en el menor número de mensajes posible (salvo emergencias), para no convertir el móvil del otro en un vibrador. Y por lo que más quieras, no escribas jajaja o LOL a no ser que te estés riendo de verdad.

6) Escoge lo que quieres ver
Youtube: tu buffet libre infinito audiovisual. ¿Qué pasa cuando hay un buffet y decides probarlo todo? Que vomitas. Tu mente también tiene un límite, y saturarla puede resultar en sobredosis.

7) Dale prioridad a la persona que está contigo
Éste es el más importante. Deja el móvil guardado cuando estés con alguien. Y si suena o vibra, ignóralo (salvo emergencias). Dale prioridad a la persona que está contigo, porque si no lo haces quizás prefiera marcharse lejos y enviarte un whatsapp.

Guarda el móvil. Disfruta la vida. Si no, podrías acabar así.

#PhoneInMyPocket

- Esli

sábado, 19 de diciembre de 2015

Star Wars VII El Despertar de la Fuerza

Chewie, estamos en casa



El temor y la ilusión han estado conviviendo dentro de mí durante mucho tiempo. Desde que vi el primer trailer de El Despertar de la Fuerza, para ser exactos. ¿Honrará la saga? ¿O será otra pifia? Hemos tenido que ser muy pacientes, pero por fin ya se pueden disipar las dudas. El episodio siete es un despertar de verdad.

Ver una de estas películas por primera vez produce sensaciones muy especiales. Más aun si vas al estreno, y bien acompañado. Da igual que sean las 00:05 de la noche, ¡vamos a ver Star Wars, colegas! Increíble. Y si además, las expectativas que tanto me he esforzado en contener se ven correspondidas con un film a la altura de las circunstancias, puedo decir que me sentí como un niño. Y eso no tiene precio.

Es evidente el respeto con el que J.J. Abrams y todo el equipo han llevado a cabo este ambicioso proyecto. Cada fotograma es un homenaje al universo creado por Lucas. Y cada momento que sucede ante nuestros ojos está narrado para que sintamos este ansiado regreso, lleno de personajes y situaciones que resultan familiares, pero consiguiendo sorprender al mismo tiempo. Eso tiene doble mérito, ya que ha logrado sumarse a la franquicia para formar parte de un todo, sin dejar de ser una película única.

Lo "malo", y aunque ya lo supiéramos de antemano, es acabar de verla con la certeza de que es el comienzo de algo mucho mayor. Por supuesto que eso nos llenará de ilusión, pero al mismo tiempo, la espera se hará larga.


Valoración: 5 / 5 - OBRA MAESTRA




jueves, 29 de octubre de 2015

Star Wars VI El Retorno Del Jedi

Acabado, la trilogía buena ha.



Aunque no lo creas, en El Retorno Del Jedi hay cosas mejores que el bikini dorado de Leia. Pero no hay nada peor que las tropas imperiales dejándose patear el trasero por un puñado de furbies. Qué adorables son los Ewoks, eso sí, sean o no tan letales como nos los pintaron.

Al margen de ese aspecto tan criticado, el Episodio VI sacó verdadero partido a su condición de cierre de trilogía, mostrando lo mejor de nuestros héroes y alcanzando un desenlace más que satisfactorio. No es tan redondo como sus predecesores, pero cumple con creces en su tarea de atar todos los cabos sueltos, mientras nos regala alguna que otra sorpresa.

En lo que sí acierta más es en el nivel de entretenimiento durante todo su desarrollo (peluches asesinos aparte). Desde su mismísima introducción la historia arranca con fuerza y no se detiene, construyéndose sobre los mismos cimientos que ya disfrutamos en las anteriores entregas: acción, drama, y toques de humor. Un espectáculo de principio a fin.


Valoración: 4 / 5 - GRAN PELI




martes, 27 de octubre de 2015

Star Wars V El Imperio Contraataca

Le quieres. Y Han lo sabe.



Está enfundado en un traje oscuro, capa y casco incluidos, lleva un sable-láser rojo, y sólo con su marcada respiración (que no asma) ya te dejaba clavado en la butaca. Para colmo, tiene un secreto. Una de las mayores revelaciones en la historia del cine, confesada por uno de sus personajes más icónicos.

En la opinión del Episodio IV ya mencioné algunas de las virtudes de Star Wars, suficientes para enamorar a varias generaciones. Pero fue al acabar El Imperio Contraataca que los espectadores realmente comprendimos hasta qué punto formábamos parte de esta historia. ¿Alguien habría reaccionado de una manera distinta a como lo hizo Luke? En ese preciso momento, todos fuimos Luke Skywalker.

Por eso el Episodio V de la saga galáctica de George Lucas es mucho más que una secuela. Porque además de servir de continuación, se convirtió en una parte de nosotros mismos. Pocas segundas partes pueden presumir de lograr algo así, y además sin forzar nada. Haciéndolo sin intentarlo. ¿Verdad, Yoda?


Valoración: 5 / 5 - OBRA MAESTRA


Esli, el Crítico Padawan